lunes, 21 de julio de 2008

CHARLA CON DUENDES - FOTO 2 - VENTANIA

Un grupo de Duendes se escondía en una de las tantas cuevas que hay en las laderas y que se encontraba, donde yo permanecía, oculta por helechos que cubrían todo su frente, hecho que dificultaba sobremanera descubrir su entrada, máxime a la distancia.
Sin buscarla la encontré, y con ello disipé el misterio que siempre tuve. Siempre creí en la existencia de los duendes, pero jamás había tenido la oportunidad de verlos... y tan de cerca!
Mientras el pequeño grupo quedó a cubierto en la pequeña gruta, el que aparentemente era el líder se acercó a escasos 2 metros y, con voz firme y serena me dijo:

CHARLA CON DUENDES - FOTO 3 - VENTANIA

- No creas que fue casualidad.
- ¿Qué cosa? -contesté apresurado y excitado por el momento que me tocaba vivir.
- Este encuentro. Hace más de media hora que los venimos observando.
Sin poder quitar mis ojos de él, atiné a preguntarle:
- Y puedo saber por qué salieron a mi encuentro? ¿Por qué se hicieron ver? ¿No tuvieron miedo de nuestra actitud?
Esbozando una sonrisa y mirando a su grupo respondió:

CHARLA CON DUENDES - FOTO 4 - VENTANIA PARED DEL TECHO


- Tenemos un poder que ustedes no conocen, y es la capacidad de poder comprobar, a cierta distancia mientras los vemos caminar y en la forma de mirar, si tienen buenas o malas intenciones. Me refiero al tratamiento que le dan a la naturaleza, a la flora, a la fauna, al cuidado ambiental o al hecho de destrozar y contaminar por el sólo hecho de hacer daño. Por estas laderas ha caminado mucha gente desde muchos años ha. No todos dejaron un buen recuerdo. Muchos también cayeron, pero solamente las almas de los que han amado este lugar son las que regresan siempre.
- ¿Las almas? ¿Y ustedes cómo saben eso?
- Porque las sentimos. Se percibe en el aire, en el ambiente. Sobre todo cuando regresan a la Pared del Techo.
No quise ser antipático pero no pude dejar de seguir preguntándole pues su relato me cautivaba constantemente. Por suerte mis amigos se habían detenido en unos pasadizos estrechos y estaban descansando.

CHARLA CON DUENDES - FOTO 5 - VENTANIA


- Perdón por mi curiosidad -dije tratando de que mis preguntas no sonaran como de incredulidad-, pero... ¿a que vienen a la Pared del Techo?
- A escalar. Vienen muchas veces. Y más allá de que nosotros percibimos la acción, se hacen notar porque cuando preparan el equipo despliegan tanta pasión, tanto sentimiento, que no podemos abstraernos de presenciar ese espectáculo. Además, se ríen constantemente. Se las ve muy felices. Se felicitan unas a otras cuando llegan al techo y se quedan allí colgadas por horas observando todo el panorama. Ríen, ríen y ríen.
- ¿Y no se hablan entre ellas?

CHARLA CON DUENDES - FOTO 6 - VENTANIA

- Sí, claro que sí. Se dicen que ahora les esperará otro desafío más duro en otros lugares cercanos y también lejanos. Hablan de Patagonia, de Los Andes, de Himalaya, aunque siempre destacan lo bien que la pasan en este lugar. Quizás por eso regresan seguido.
Quedé perplejo por su comentario y no atinaba otra cosa más que a observarlo estudiándolo de arriba a abajo. Por un momento dudé acerca de que si lo que estaba viviendo era realidad o ficción. El llamado de Fran hizo que me sobresaltara y me hiciera ver la realidad.
Me despedí sin saber su nombre, aunque quizás él y los suyos hayan sabido el mío, pero apenas había dado un par de pasos hacia abajo, me dijo:

CHARLA CON DUENDES - FOTO 7 - VENTANIA


- Ellos nunca se fueron. Siguen explorando y escalando las Paredes Rosadas y se los ve acarreando sus cuerdas, mosquetones, clavos y seguros por el San Bernardo. ¡Si pareciera que las paredes fueran desgarradas con sus propias manos a medida que van progresando! El alma del escalador vive acá. Vaga, anda, camina, ríe. Y ríe y se divierte mientras canta saltando sobre las grandes rocas... y llora. Y cuando llora, porque también es una manera de descargar su profunda emoción, el arroyo crece, y las gargantas derraman torrentes de agua, y ésta baja furiosa arrastrando piedras y rocas. El viento aparece y acompaña a las almas en su tristeza momentánea, bramando y lastimando los oídos con su penoso aullar.
¡Ya voy muchachos! -grité al grupo mientras el eco repetía mis palabras.

CHARLA CON DUENDES - FOTO 8 - VENTANIA

Giré sobre mis pasos para saludar a los duendes pero ya no estaban, aunque seguramente ellos me estarían mirando desde algún lugar.
- ¿Y? Lograste buenas tomas? -me preguntaron mis amigos.
- Creo que sí.
- Queremos verlas eh! Mirá que estuvimos acá como media hora y por momentos no te veíamos.
No pude contener mi sonrisa por el comentario, pero consideré que no era momento para contarles lo que había vivido. Me pareció mejor, para que sea sorpresa total, que se enteraran cuando leyeran esta corta narración.