La marcha por el despeñadero se les hizo dificultosa por la gran cantidad de piedras sueltas que había, pero ya lo habían superado y estaban caminando a campo través, apenas a minutos de llegar a Glorieta. Moneda, quien era el que conocía el predio, miraba insistentemente hacia el lugar donde supuestamente debería estar esperando la "express" blanca.
- Estoy intentando ver la "renoleta" pero no la veo, debe haberla dejado detrás de la casona.
- ¿Dónde es, Moneda?
- Allá, donde está ese monte de álamos, pinos y nogales... estoy haciendo señales de luces con la linterna pero Pechuga no contesta, que raro...
Cuando llegaron a Glorieta y comprobaron que Pechuga no había llegado se quisieron morir.
- Moneda, estás seguro de que Pechuga sabía como llegar?
- ¡Sí Lucho!, vino un par de veces conmigo, además, estaba seguro y convencido, así que algo debe haberle pasado.
- ¿Qué hora es?
- Ocho y media... Ya sé que pudo haber pasado... seguro que cerraron la tranquera principal de la entrada y no se pudo mandar, debe estar esperando allá, vamos a tener que ir caminando, no nos queda otra Lucho.
- ¿Es mucho lo que tenemos que caminar?
- No me animo a decirlo... son seis kilómetros...
- ¿Cuántos? No!, no doy más...! ¡Tengo las patas como garrotes...! Decime que es un sueño!
- Yo también estoy hecho mierda Lucho, pero no nos podemos quedar acá, hagamos el esfuerzo, además, si nos quedamos quietos nos morimos de frío.
Y mientras le decía esto le tendió la mano para ayudarle a incorporarse.
Obligados por el frío de la noche iniciaron la marcha por el llano. El cielo se les mostraba más negro que nunca, por eso apelaron al uso de sus respectivas linternas.
El primer kilómetro lo caminaron en forma paralela a una plantación de castaños que se extiende de este a oeste.
Sobre la zona de silos, unos cinco kilómetros más hacia la entrada a la estancia se veía movimientos de luces de los vehículos que estaban trabajando. Cada par de faroles era una ilusión para los caminantes, pero tan pronto como aparecía la luz la ilusión desaparecía. Ningún vehículo avanzaba más allá de los silos.
El diálogo entre Lucho y Moneda se hallaba ausente, hasta que de pronto Lucho dice:
- Moneda, quiero descansar un poco...
- Bueno, pero salgamos del camino, busquemos al costado entre las pajas vizcacheras así no nos comemos todo el viento.
Moneda acomodó su mochila y se la colocó como almohada, Lucho lo imitó, entonces Moneda, mirando hacia lo profundo del cielo comentó:
- Espero que Pechuga haya salido y llegado de día, porque si le agarró la noche en el camino vecinal se le va a hacer duro llegar... hay que conocer mucho para no perderse, pero me quedo tranquilo por ese lado porque Pechuga dijo que saldría temprano.
- Deben haber cerrado la tranquera como vos dijiste Moneda, seguro que él está más preocupado que nosotros y esperándonos afuera.
- Sí, eso también me preocupa, porque a medida que pase el tiempo se sentirá peor, para colmo tengo las piernas recansadas, pareciera que camino en el aire... ¿Vos
cómo estás Lucho?
- Sin ganas de caminar... con frío... con hambre... pero me parece que si me dieran a elegir agarraría una cama... ¡estoy hecho mierda!
- Bueno, hagamos un último esfuerzo y tratemos de llegar hasta la tranquera...¿Vamos?
- Sí, si no queda otra, vamos.
Les costó mucho incorporarse. Notaban sus músculos cada vez más agarrotados y parecía que en cada movimiento se les desgarraría la carne. Calzaron sus mochilas y
siguieron avanzando hacia una luz roja alta proveniente de los silos. El camino, único y obligado, pasaba justo pegado al puesto, a la casa del carnicero de la estancia, quien, seguramente, ya estaría durmiendo tal la costumbre de la gente del lugar. Estaban a pocos metros del puesto cuando Moneda dijo:
- Seguí vos Lucho, yo enseguida te alcanzo.
El descanso en el pastizal -si bien fue abrigador- agregado al cese de actividad física momentánea, había enfríado un poco a Moneda y su vejiga se lo estaba haciendo notar.
No se sabe a ciencia cierta que es lo que quiso hacer Lucho, pero lo cierto es que justo unos metros antes de pasar por el puesto del carnicero se puso a silbar, allí,
raudamente salieron los perros y se le fueron encima, y Lucho no tuvo mejor idea que salir corriendo, por suerte hacia donde venía Moneda.
- Moneda me agarran!! -gritaba Lucho desesperado- hacé algo!
- ¡Bueno Mara! -gritó Moneda a la perra border colli que sobresalía por sus manchas claras, a la vez que emitía el característico silbido para intentar calmar a los canes, y agregó- soy yo Mara, vení!
Mara empezó a mover la cola y se calmó, y con ella el resto de la jauría. El carnicero había encendido las luces de la casa y a los gritos pelados preguntaba quien andaba.
- ¡Soy yo Carnaza!, Moneda, disculpe el barullo, venimos caminando de La Glorieta y mi amigo se adelantó y los perros que indudablemente no lo conocen se le fueron encima.
El carnicero al oír a Moneda se quedó tranquilo y continuó en lo suyo, entonces Lucho le dijo a Moneda:
- ¡Sos un hijo de puta! ¡Sabías que estaban los perros y no me dijiste nada!
- ¡Pará, calmate!, claro que sabía que estaban los perros, pero justo tuve que parar, que iba a imaginar que iban a reaccionar así... ¿te pasó algo?
- ¡Sí, claro!, me recagué todo boludo!, que querés que me pase... ¡casi me comen!
- Menos mal que te quedaba resto para correr -agregó Moneda- y se empezó a reir a carcajadas.
- ¡Sos un turro! -le dijo Lucho a la vez que también reía a carcajadas-, ¡ésto no me lo olvido más!
Y siguieron charlando animadamente hasta que de pronto Moneda le dijo:
- Bueno, ves que no todo es amargo, nos faltan sólo cien metros y estamos en la tranquera principal.
- ¡Menos mal! Ya no doy más...
miércoles, 7 de octubre de 2009
La Aventura de Lucho y Moneda. Capítulo 4
La tranquera estaba tan abierta como lo estuvo durante todo el día.
- ¡La puta madre! ¡No puede ser!...la tranquera está abierta y la "renoleta" no está!, ¡que mierda pasó!, ¡esto no me gusta nada!!!
Mientras Moneda maldecía una y otra vez Lucho no decía nada. El silencio se había apoderado de él y no podía creer lo que estaba viviendo.
- Para colmo no hay señal. No puedo usar el celular Lucho, hasta ese problema tenemos. Voy a subirme al pilar de la tranquera a ver si estando un poco más alto la consigo.
Moneda colocó el aparato tan alto como pudo pero la señal no existía. Ya eran las diez y cuarto de la fría noche.
- Tengo una duda -dijo Moneda-, quizás no haya conocido la entrada desde el camino vecinal y está dando vueltas, vamos Lucho, caminemos un kilómetro más hacia la salida porque seguro tiene que estar por allá afuera.
No hubo respuesta alguna de Lucho pero lo acompaño.
Los trabajadores del silo y de la secadora pasaban y no entendían nada. La mayoría de ellos conocía a Moneda, pero como éste solamente los saludaba no le preguntaban nada. Después de otros veinte minutos de marcha llegaron a la salida y se toparon con el camino vecinal.
Saliendo de la estancia y doblando a la izquierda se toma hacia el Abra de los Vascos y se puede ir a Saldungaray, a Sierra de la Ventana, a Estomba, a Cabildo, a Bahía Blanca y a otros lugares más; doblando a la derecha se va a Tornquist, a la Ruta 33, a la Ruta 76, Abra de la Ventana y muchos otros lugares.
- Tengo que hacer una llamada Lucho, vení, haceme pié que me subo a éste pino.
- ¿Estás seguro Moneda?
- Sí Lucho, tengo que saber que pasó con Pechuga.
Al cabo de un rato de intentos y subiendo cada vez un poco más alto apareció la señal. Allí pudo comunicarse con su lugar de trabajo en el puerto de Ingeniero White.
- ¡Hola! ¿Flecos? Soy yo, Moneda, ¿Tenés idea que le pasó a Pechuga que no está acá?
- Sí Moneda, lo lamento, llamó hace media hora y dijo que había pinchado cubiertas y que estaba en una gomería en Saldungaray...
- ¿En dónde?
- En Saldungaray, que se la estaban emparchando y volvía para allá, él está seguro de que se pasó de largo porque me dijo que después de Tornquist eran unos veinte kilómetros y se dio cuenta de que se había ido al carajo, pero como pinchó siguió hasta las luces de un poblado y se encontró en Saldungaray. Llamalo que está con el celular.
- ¡Qué hijo de puta!, bueno, lo llamo, gracias Flecos.
- De nada, chau.
Sobre la marcha y tratando de hacerse firme en el rasposo pino, Moneda llamó a Pechuga.
- Hola ¿Pechuga?
- Sí Moneda, soy yo...
- ¿Todavía estás en la gomería? Recién hablé con Flecos y me contó todo...
- Sí, me pasé, pero me cambian la cubierta y voy a buscarte...estoy en Saldungaray.
- Bueno, te espero, pero ojo porque estoy justo en la entrada a Funke, en el camino vecinal... la entrada que está casi pegada a la escuelita, no te olvides de esa referencia.
- ¡No, no! quedate tranquilo, ya salgo, así que en media hora estoy por allá.
Moneda cortó la llamada, bajó del pino y le fue a comunicar la nueva buena a Lucho. Pero Lucho no estaba a la vista. Había desaparecido.
Cuando la situación te supera uno recurre a lo mejor que encuentra a su lado, eso fue lo que le pasó al amigo Lucho.
- Luchoooo!, ¿Dónde estás?
- ¡Acá!
- No te veo, dónde...
- ¡Acá!, en la alcantarilla.
Cuando Moneda se encontró con esa imagen no lo podía creer.
Lucho totalmente acurrucado en el zanjón de la alcantarilla que pasa por debajo de la entrada a la estancia.
- ¿Qué estás haciendo?
- Durmiendo... ya escuché tu conversación, así que dormiré acá, calentito hasta que llegue Pechuga.
Lucho estaba tirado sin otro abrigo que el calor de su propio cuerpo resguardado en el pastizal.
- Está bien, yo te llamo, dormí tranquilo.
A los cinco minutos y con el silencio agigantándose en la noche, retumbaban los ronquidos infernales de Lucho.
Moneda caminaba a lo largo de la calle para acá y para allá. De pronto, aparecen dos luces a lo lejos, venían desde la dirección correcta, del Abra de los Vascos. Hizo señales con su linterna, pero cuando se acortó la distancia notó que no era la pequeña camioneta que conducía Pechuga.
- Mis disculpas señores, estoy esperando a un amigo y creí que era él, buenas noches…
Así pasaron varias camionetas pero ninguna era Pechuga. Moneda había hecho un canal profundo en la calle con su continuo ir y venir. Lucho roncaba tremendamente.
A las once de la noche empezaron a salir algunos trabajadores de los silos de la estancia, quienes al ver a Moneda paraban y le preguntaban si necesitaba algo.
A todos les dijo lo mismo:
- Gracias, ya me vienen a buscar en un par de minutos, gracias, que sigas bien.
Cuando miró su reloj y vio la hora empezó a dudar de la llegada de Pechuga "¿Habrá pinchado otra vez?, ¿Se habrá perdido?...Algo le ha pasado, Pechuga no me puede dejar colgado así porque sí", -se decía a sí mismo.
Eran las once y media cuando, después de un largo rato sin ruidos de motores, se mostraron las luces de un vehículo que salía de la estancia. Esta vez Moneda estaba decidido: le pediría al que viniese en ese vehículo que lo llevara hasta Tornquist, no fuera cosa que, de pronto, no viniese ni Pechuga ni ningún otro.
La aventura de Lucho y Moneda. Capítulo 5
La decisión había sido fríamente calculada. No podrían seguir esperando a Pechuga ante la probabilidad de que éste estuviera a la vera del camino con alguna pinchadura, sin auxilio o con algún problema mecánico, al menos, así pensó Moneda, porque Lucho seguía durmiendo en el zanjón.
- Hola Moneda, que estás haciendo? -dijo Salpicón- operario tractorista de la estancia.
- Si te tengo que contar todo necesito un día Salpicón, pero sintetizo: estoy esperando a un amigo que supuestamente venía a buscarnos, la última conversación que tuve con él fue hace dos horas y estaba en Saldungaray saliendo para acá, pero no llegó nunca, no sé si se fue, si tiene algún problema, es todo una complicación, pero lo que más me preocuparía es que por darnos una mano la esté pasando mal. ¿Hacia dónde vas?
- ¡Qué historia mamita!, bueno, voy a Tornquist, vamos que te llevo.
- Gracias Salpicón, pero somos dos, esperá un segundo que llamo a mi amigo.
- ¿Dónde está?
- Ahí, en el zanjón, adentro de la alcantarilla, está durmiendo...
Salpicón estiró su cabeza hacia el zanjón y observó como Moneda zamarreaba a su amigo.
- Dale Lucho, vamos que nos vamos.
- ¿En serio? ¿Vino Pechuga?
- No, no vino, pero nos vamos con un amigo de la estancia.
Ya en camino a Tornquist siguió el diálogo entre Salpicón y Moneda.
- Dejame en Tornquist Salpicón, que ahí nos tomamos un taxi y nos vamos a buscar la camioneta.
- ¿En dónde la dejaste?
- En lo del loco, en el Campamento Base.
- No te hagás problemas, yo te arrimo.
- Bueno, pero antes pará en un surtidor que cargamos un poco de gasoil.
Salpicón no quería aceptar pero Moneda insistió para que así lo hiciera, y, una vez allí y ya con señal, intentó una comunicación con Pechuga.
- ¡Hola! ¿Pechuga?
- Sí Moneda, soy yo, te escucho.
- ¿Por dónde andás?
- Estoy entrando a la bahía...
- ¿Cómo?
- Sí, estoy llegando a la ciudad, como pasé por la escuelita y no los vi pensé que se habían arreglado y se habían venido para Bahía también...
- Pero... ¿Por cual escuelita pasaste?
- Por una que está sobre la ruta, yo vine de Saldungaray y pasé por Sierra de la Ventana y seguí por la ruta... la escuela que está cerca de Villa Serrana La Gruta..
- ¡Pero nosotros estábamos del otro lado, en el Abra de los Vascos!... ¡En Funke!!!
- Bueno, no me di cuenta...
- Está bien, por lo menos la buena noticia es saber que no estás con algún inconveniente tirado en el camino. No te hagás problemas que nosotros ya solucionamos el nuestro Pechuga. Nos vemos mañana en el trabajo, chau.
- Chau Moneda, hasta mañana.
- Lucho no dijo palabra, ya había entendido todo, sólo quería descansar.
- Así es Salpicón, desde las ocho de la mañana que estamos caminando y mira como terminamos -dijo Moneda, y agregó-: menos mal que pasaste vos, porque me parece que ya no iba a pasar nadie más por la entrada.
- No, seguro, porque de los que terminamos el turno, el único que vive afuera de la estancia soy yo.
- El loco debe estar desesperado también al ver que no llegamos, ¡qué bajón!
Cerca de la una de la mañana fueron dejados por Salpicón en el Campamento Base. El Loco los estaba esperando ansiosamente.
- Menos mal que llegaron, estaba preocupado, no quise llamar a ningún lado para no alarmar a nadie pero como dijeron que regresaban más temprano pensé que la estaban peleando, ¿que pasó?
Entonces Moneda le contó al Loco -con lujo de detalles- las peripecias vividas en la jornada, y luego agregó:
- Loco querido, gracias por cuidarme la camioneta, sigo viaje porque es tardísimo y en casa no saben nada que todavía estamos acá, te dejo y regreso en cualquier momento. Chau amigo.
- Chau Moneda, chau Lucho, hasta la vuelta.
Arrancaron y enfilaron por la ruta 76 hacia la 33. Pusieron la calefacción en marcha para calentar el ambiente y prendieron el equipo para escuchar música.
Al pasar por las parcelas de la Villa Serrana San Andrés de la Sierra, justo enfrente de Villa Serrana la Gruta, Moneda le preguntó a Lucho:
- ¿Y Lucho, cómo están tus piernas?
- Bien, un poco doloridas, me duelen mucho los cuádriceps, los gemelos, las orejas, todo. Me duele todo el cuerpo.
- Yo estoy igual que vos, encima hambriento. ¿Alguna reflexión quizás?
- Sí, más allá de estar muy cansado y dolorido viví un día intenso en plena naturaleza, respirando aire puro en el silencio de la montaña, y contento de no haber sido devorado por los perros del carnicero. Y vos?
- Que las dificultades que se presentan, si tenés una meta, con voluntad las podés superar. Me he dado cuenta que depende de uno mismo. Si viene ayuda de un tercero bien, pero sino, siempre tenés que tomar la iniciativa y no quedarte esperando, y que sin sacrificio, y creo que hoy lo pusimos en práctica con todo lo que caminamos, no se logran los objetivos.
Luego de un rato de charla llegaron a la bahía. A las pocas horas tenían que seguir trabajando.
Lucho sigue trabajando en su oficio de plomero, andando en bicicleta de montaña y corriendo carreras de aventuras.
Pechuga, Moneda y Flecos,los otros partícipes de esta historia, siguen compartiendo el mismo lugar de trabajo y forman un sólido equipo.
Agustín Moreno
- Hola Moneda, que estás haciendo? -dijo Salpicón- operario tractorista de la estancia.
- Si te tengo que contar todo necesito un día Salpicón, pero sintetizo: estoy esperando a un amigo que supuestamente venía a buscarnos, la última conversación que tuve con él fue hace dos horas y estaba en Saldungaray saliendo para acá, pero no llegó nunca, no sé si se fue, si tiene algún problema, es todo una complicación, pero lo que más me preocuparía es que por darnos una mano la esté pasando mal. ¿Hacia dónde vas?
- ¡Qué historia mamita!, bueno, voy a Tornquist, vamos que te llevo.
- Gracias Salpicón, pero somos dos, esperá un segundo que llamo a mi amigo.
- ¿Dónde está?
- Ahí, en el zanjón, adentro de la alcantarilla, está durmiendo...
Salpicón estiró su cabeza hacia el zanjón y observó como Moneda zamarreaba a su amigo.
- Dale Lucho, vamos que nos vamos.
- ¿En serio? ¿Vino Pechuga?
- No, no vino, pero nos vamos con un amigo de la estancia.
Ya en camino a Tornquist siguió el diálogo entre Salpicón y Moneda.
- Dejame en Tornquist Salpicón, que ahí nos tomamos un taxi y nos vamos a buscar la camioneta.
- ¿En dónde la dejaste?
- En lo del loco, en el Campamento Base.
- No te hagás problemas, yo te arrimo.
- Bueno, pero antes pará en un surtidor que cargamos un poco de gasoil.
Salpicón no quería aceptar pero Moneda insistió para que así lo hiciera, y, una vez allí y ya con señal, intentó una comunicación con Pechuga.
- ¡Hola! ¿Pechuga?
- Sí Moneda, soy yo, te escucho.
- ¿Por dónde andás?
- Estoy entrando a la bahía...
- ¿Cómo?
- Sí, estoy llegando a la ciudad, como pasé por la escuelita y no los vi pensé que se habían arreglado y se habían venido para Bahía también...
- Pero... ¿Por cual escuelita pasaste?
- Por una que está sobre la ruta, yo vine de Saldungaray y pasé por Sierra de la Ventana y seguí por la ruta... la escuela que está cerca de Villa Serrana La Gruta..
- ¡Pero nosotros estábamos del otro lado, en el Abra de los Vascos!... ¡En Funke!!!
- Bueno, no me di cuenta...
- Está bien, por lo menos la buena noticia es saber que no estás con algún inconveniente tirado en el camino. No te hagás problemas que nosotros ya solucionamos el nuestro Pechuga. Nos vemos mañana en el trabajo, chau.
- Chau Moneda, hasta mañana.
- Lucho no dijo palabra, ya había entendido todo, sólo quería descansar.
- Así es Salpicón, desde las ocho de la mañana que estamos caminando y mira como terminamos -dijo Moneda, y agregó-: menos mal que pasaste vos, porque me parece que ya no iba a pasar nadie más por la entrada.
- No, seguro, porque de los que terminamos el turno, el único que vive afuera de la estancia soy yo.
- El loco debe estar desesperado también al ver que no llegamos, ¡qué bajón!
Cerca de la una de la mañana fueron dejados por Salpicón en el Campamento Base. El Loco los estaba esperando ansiosamente.
- Menos mal que llegaron, estaba preocupado, no quise llamar a ningún lado para no alarmar a nadie pero como dijeron que regresaban más temprano pensé que la estaban peleando, ¿que pasó?
Entonces Moneda le contó al Loco -con lujo de detalles- las peripecias vividas en la jornada, y luego agregó:
- Loco querido, gracias por cuidarme la camioneta, sigo viaje porque es tardísimo y en casa no saben nada que todavía estamos acá, te dejo y regreso en cualquier momento. Chau amigo.
- Chau Moneda, chau Lucho, hasta la vuelta.
Arrancaron y enfilaron por la ruta 76 hacia la 33. Pusieron la calefacción en marcha para calentar el ambiente y prendieron el equipo para escuchar música.
Al pasar por las parcelas de la Villa Serrana San Andrés de la Sierra, justo enfrente de Villa Serrana la Gruta, Moneda le preguntó a Lucho:
- ¿Y Lucho, cómo están tus piernas?
- Bien, un poco doloridas, me duelen mucho los cuádriceps, los gemelos, las orejas, todo. Me duele todo el cuerpo.
- Yo estoy igual que vos, encima hambriento. ¿Alguna reflexión quizás?
- Sí, más allá de estar muy cansado y dolorido viví un día intenso en plena naturaleza, respirando aire puro en el silencio de la montaña, y contento de no haber sido devorado por los perros del carnicero. Y vos?
- Que las dificultades que se presentan, si tenés una meta, con voluntad las podés superar. Me he dado cuenta que depende de uno mismo. Si viene ayuda de un tercero bien, pero sino, siempre tenés que tomar la iniciativa y no quedarte esperando, y que sin sacrificio, y creo que hoy lo pusimos en práctica con todo lo que caminamos, no se logran los objetivos.
Luego de un rato de charla llegaron a la bahía. A las pocas horas tenían que seguir trabajando.
Lucho sigue trabajando en su oficio de plomero, andando en bicicleta de montaña y corriendo carreras de aventuras.
Pechuga, Moneda y Flecos,los otros partícipes de esta historia, siguen compartiendo el mismo lugar de trabajo y forman un sólido equipo.
Agustín Moreno
lunes, 5 de octubre de 2009
En la Cumbre del Cº Napostá 1110m. Foto 1

Amigos visitantes: encontrarán 10 fotos, incluída ésta, de la escalada al Cerro Napostá, llevada a cabo el sábado 3 de octubre de 2009 con mis amigos Juan Benassati y Jorge Aranciaga, todos de la bahía blanca. Al ser hoy 5 de octubre el cumpleaños del gran músico David Lebón, quiero acompañar las fotos con la letra de su tema "Mundo agradable". Y de paso informarles que tras esta ascensión, bajamos por la Naciente sur-norte de la Quebrada del Napostá, llegando hasta la confluencia con la Naciente sudeste-noroeste, continuando por la Quebrada hasta su finalización. Proximamente más de 40 fotografías testimoniales.
Sugiero acompañes las fotos y la letra de Mundo Agradable con la música de Serú Girán que encontrarás abajo, en primer lugar en barra de videos. El primero a la izquierda de los 4 cuadros.
"Mundo agradable" de David Lebón. Foto 2
"Mundo agradable" de David Lebón. Foto 4
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