miércoles, 7 de octubre de 2009

La Aventura de Lucho y Moneda. Capítulo 2

En cercanías de la Cueva del Puma.

- Ves Lucho, esa es la cueva, observá lo cerca que estamos del cerro.

- Se ve hermosa... ¿Podemos visitarla?

- Sí, vamos, total nos demandará nada más que veinte minutos y la conocés por dentro.

Visitaron la Cueva del Puma y una hora más tarde estaban en la cumbre del Cerro Napostá.

- Che, Moneda, que bien que se ve Villa Ventana!

- Villa, Sierra y mucho más, en un día claro se pueden ver infinidad de cosas y lugares, por suerte nos tocó un día lindo, realmente la estamos pasando bien, por lo menos hasta ahora todo diez puntos, no?

- Sí, un poquito de viento pero todo al pelo, es más, yo pensé que me costaría mucho más pero estoy bien, creo tener bastante resto todavía.

- Mejor así, ¡ojo!, mucho cuidado que ahora en la bajada es donde deberemos prestar mayor atención a las caídas, sobre todo a los movimientos del cuerpo para que no nos afecten las rodillas ni los tobillos, mirá que en la bajada hay lugares de caídas muy pronunciadas y de piedras redondeadas por la erosión del agua que te impiden frenar, de todos modos le buscaremos la vuelta para bajar bien. Comemos algo y seguimos, si?

- Dale, como vos digas.

Por la Naciente, bajada inconclusa.

- Ya llevamos más de una hora por la naciente, ¿viste que no es tán fácil?

- Ya veo Moneda, uno cree que bajando se va más rápido y más fácil pero esto es terrible, tengo las rodillas doloridas, y las bajadas cada vez me impresionan más.

- Creo que cambiaré de planes Lucho, estoy viendo que son más de las cuatro y nos falta pasar por las partes más escabrosas y eso nos demandará mucho tiempo, vos como estás?

- Un poco cansado...

- Entonces cambio de rumbo, nos quedan pocas horas de luz y no quiero que nos agarre la noche acá porque no traemos bolsas de dormir ni comida extra. Enfilaré hacia ese cordón a nuestra izquierda para intentar llegar al paso dinamitado, y si nos agarra la noche ahí conozco bien el camino como para regresar a La Glorieta a oscuras, pero si seguimos por acá se nos hará muy tarde y no podremos avanzar por las dificultades del terreno, que te parece?

- Lo que vos digas Moneda, yo te sigo.

- Bien, vamos para arriba, pero tranquilos porque estamos muy abajo y este cordón es interminable, así no nos fundimos.

Error de cálculo. Llegaron al filo del cordón pero se encontraron con la sorpresa de que, para llegar hasta el cordón dinamitado deberían atravesar otras dos crestas con sus quebradas profundas, y una de las crestas con una altura "impresionante".

- ¡No lo puedo creer!!! El paso dinamitado está lejísimo!! Dijo Moneda agarrándose la cabeza y mirando como Lucho se dejaba caer sobre unas festucas que le amortiguaron la caída.

- ¡No puede ser!!! -gritaba Moneda enfurecido, y su grito era repetido una y otra vez por el eco de las quebradas- ¡estoy destruido...y todo lo que nos falta todavía!

Lucho, a esa altura, no sabía que decir, se pasaba una y otra vez las manos por la cara estirándose la piel hacia abajo como si esa manía le solucionase los problemas. Sus ojos se abrían y el fondo blanco de éstos se agrandaba considerablemente dándole el aspecto de una máscara deformándose. Al fin dijo:

- Moneda, no doy más, yo también estoy hecho polvo, ¿nos falta mucho?

- No sé cuanto tardaremos hasta el paso dinamitado, de allá a La Glorieta son dos horas, pero no nos quedemos Lucho, vamos, arriba.

- Vamos...

Moneda se sentía cansado, pero su andar aún era elegante, en cambio Lucho parecía un robot, estaba totalmente dolorido, de sus cuadriceps parecía salir fuego y las puntadas en el costado derecho bajo sus costillas le resultaban cada vez más agudas, pero no desistía de andar, tenía mucho amor propio y era aguerrido.

Bajaron en zigzag porque la pendiente era muy pronunciada y la inercia los tiraba violentamente hacia abajo. Pronto estuvieron en lo más profundo de la quebrada. En ella aprovecharon a beber agua del arroyito y tomarse un descanso de apenas tres minutos. Ahora les quedaba ascender otro cordón, pero era más bajo que el anterior, entonces Moneda le dijo a Lucho:

- Ya lo tenemos Lucho, sólo nos resta subir esa pared... por suerte el sol aun está con nosotros. Calculo que caminaremos la última hora bajo las sombras de la noche.
¿Imaginás cuando lleguemos a La Glorieta? ¡Cómo le vamos a dar a los sandwiches que trae Pechuga! ¡Se me hace agua la boca!

- Me duele todo Moneda, ¡hasta las muelas!, pero igual me comeré todo lo que traiga Pechuga. ¿Que hora es?

- Las seis y cuarto...en veinte minutos estamos arriba, ¿seguimos?

- Sí, dale.

Exactamente siete menos veinte, cuando el sol ya se había escondido, llegaron a la cresta del último cordón, de allí en más todo sería en leve bajada y por camino conocido. Les esperaba una hora y media más de trayecto para llegar a Glorieta pero mucho más aliviado.

- ¿Cómo estás Lucho?

- Ahora que sé que nos falta poco, mucho más tranquilo.

- Por el momento yo voy bien, si fuera necesario encenderé la linterna, tenés a mano la tuya?

- Sí, sí, estaba pensando en eso.

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